POR MÉXICO HOY | 26/10/2026
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Por Carlos Lavore
Recapitulación
La serie de artículos presentados en “Yucatán, la península asediada” describe la persistencia de un modelo asentado en el despojo, la violencia, la corrupción y laimpunidad, así como la importancia de las resistencias sociales asentadas en la historia, la organización comunitaria, el respeto al medio ambiente y la búsqueda de justicia.
La región peninsular es el escenario donde se representa en toda su complejidad la disputa del presente y del futuro inmediato.
De un lado, se dan la mano: la voracidad insaciable del capital financiero, las grandes empresas y los monopolios tecnológicos sobre las riquezas naturales; las necesidades geopolíticas de EU de control de la región; un andamiaje de normas, gobiernos y políticas públicas dispuestas en favor del modelo dominante; la expansión militar sobre el territorio, las actividades y la gestión; la penetración del crimen organizado en todos los espacios.
Enfrente, un notable esfuerzo de organización y resistencia a la imposición, por parte de las comunidades y colectivos que, aun con cierta desarticulación, están expresando otra forma de entender el desarrollo y ocupar el territorio, con experiencias que son un referente ineludible para una reconstrucción del país con participación, justicia, independencia y soberanía.
1. Territorio. Los sucesos cotidianos muestran que las resistencias en la península reclaman otro comportamiento gubernamental, en los tres órdenes de gobierno y en los tres poderes del Estado, así como mayor participación organizada en la definición de políticas y en la gestión.
En un primer nivel la exigencia es cumplir las leyes y normas, aun con sus sesgos y limitaciones. Así, la consulta previa, las regulaciones ambientales, el otorgamiento de permisos, los procedimientos administrativos y judiciales, la atención de los reclamos.
Apoyar a pueblos y comunidades en el desarrollo de sus formas productivas, manejo de ecosistemas y organización, facilitando su participación en planes y proyectos. El fortalecimiento de las relaciones sociales y comunitarias también es un mecanismo de contención del crimen.
Asumir las afectaciones que se están provocando y sus consecuencias, desplegar sistemas conjuntos de vigilancia y monitoreo, sancionar con rigor toda forma de despojo, ocupación irregular y devastación de selvas, costas y acuíferos, propiciar programas de restauración, reparación y saneamiento con participación social.
En las condiciones actuales estas demandas requieren un esfuerzo de articulación de las distintas organizaciones y colectivos y de construcción de una agenda política común a ser impulsada entre todos.
2. Institucionalidad. Históricamente la península de Yucatán ha mostrado una interacción de pueblos y comunidades con el medio natural, en una relación de respeto que ha permitido el desarrollo de los colectivos con su cultura y formas productivas y, al mismo tiempo, el sostenimiento de ecosistemas frágiles y vulnerables. Es decir, en ese nivel hay una concepción integral de lo económico productivo, lo político y lo social. Son la referencia para visualizar una economía solidaria, distributiva, no especulativa, así como distintas formas de prácticas democráticas y de organización institucional. Esa experiencia está bajo asedio y en riesgo.
Este antecedente y la realidad actual llevan a pensar en la necesidad de reformular desde abajo el andamiaje legal e institucional. Las leyes, normas y ordenanzas que configuran el marco regulatorio deben revisarse y ajustarse con participación de ciudadanía, colectivos y comunidades, para que realmente expresen las necesidades de todos y sean respetuosas de la naturaleza. Su aplicación debe efectuarse desde un Estado renovado, con capacidad de representación, gestión y redistribución. Con gobiernos abiertos a las preocupaciones locales y enfoque descolonizado de las dinámicas territoriales.
Se trata de construir una institucionalidad que propicie la ocupación del territorio a partir de un proceso continuo de planeación democrática y participativa, asegurando una relación armónica entre población, naturaleza y actividades productivas. Ese proceso, de planeación participativa, debe tener a los habitantes como protagonistas, con sus distintas formas de organización y con el acompañamiento de autoridades y especialistas. Los asentamientos humanos, los usos productivos y la construcción de infraestructura y equipamiento deben responder a esa premisa. Los habitantes de cada lugar deben ser partícipes de la definición de proyectos, modelos de negocio y formas de control. Y beneficiarse colectivamente de la renta que se genere.
3. Geopolítica. Como parte de su estrategia de seguridad nacional, EU requiere el control del Caribe y del Golfo y su pretensión de país hegemónico conlleva el dominio sobre recursos y economía. Riqueza natural, petróleo, tierras raras, logística, inversiones en la costa maya, Mérida, Puerto Progreso, Cozumel, Chetumal, son algunos de los eslabones que encadenan la presencia de EU en inversiones, convenios gubernamentales, alianzas militares y tutelaje estratégico.
Los mismos eslabones deben servir a otro propósito. Significa replantear el enfoque geopolítico para establecer una relación independiente y soberana con EU y apuntalar un proceso de integración con AL y C. Desde esta perspectiva la península de Yucatán tiene un papel estratégico diferente al actual, no subordinado a la economía del norte, con relaciones diversificadas, mayor presencia marítima y una política exterior autónoma, mirando a la península como un puente propio hacia el Caribe, América Latina, Europa, Asia.
Para que esto sea posible se necesita un cambio profundo en las políticas desplegadas en la propia península y en el país.
4. Para concluir. Desde hace muchos años la evolución del país está determinada por las necesidades económicas globales definidas en los centros de poder con la complicidad de poderes locales. El modelo extractivista, impuesto bajo las premisas de progreso y desarrollo, mantiene su vigencia con los ajustes de época, sólo que hoy es en nombre del pueblo, la transformación y la soberanía, con militarización de por medio y expansión criminal. Esta mutación discursiva no puede ocultar la realidad concreta de despojo, subordinación y dependencia a que está sometido el país y, como parte de él, la península de Yucatán. Se llama colonización, del espacio físico, la política y el pensamiento.
En la antípoda, está la idea emancipatoria de un país construido desde las necesidades de la población con sus formas organizativas, desde las regiones con sus potencialidades naturales y desde sus capacidades productivas y conocimiento. Con una institucionalidad no condicionada por los intereses hegemónicos, capaz de regular a los factores de poder, democratizar la economía y propiciar distribución de riqueza. Con diagnóstico, proyecto y plan elaborados desde el pensamiento nacional, descolonizado, autónomo, independiente, solidario. Con pueblos, colectivos, comunidades y ciudadanos como sujetos activos de la vida pública, verdaderos protagonistas de una democracia progresista.
Integrante de @pormxhoy
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