POR MÉXICO HOY | 2/11/2026
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El Ingeniero nos dejó una propuesta que trasciende los cambios de gobierno: construir colectivamente un Proyecto de Nación, democratizar las instituciones, recuperar la soberanía económica y orientar los recursos públicos hacia un desarrollo nacional igualitario y justo.
La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el pasado 28 de octubre, deja a México sin una de las figuras fundamentales de su historia democrática contemporánea. Pero su desaparición física no concluye la discusión sobre el país que imaginó ni cancela las tareas que consideró indispensables para transformarlo.
En las páginas finales de Por una democracia progresista. Debatir el presente para un mejor futuro, publicado por Editorial Debate en México en noviembre de 2021, Cárdenas sintetizó su pensamiento en un apartado titulado “La Tarea”. Allí planteó que democratizar las instituciones nacionales, alcanzar un crecimiento económico sostenido y ambientalmente sustentable, y construir una sociedad igualitaria y fraterna exigiría un esfuerzo colectivo de gran magnitud.
Nunca hizo declaraciones retóricas. Su propuesta tenía un objetivo concreto: construir una mayoría social y política que discuta, respalde y lleve a la práctica un nuevo proyecto de país. Antes de disputar posiciones de poder, las fuerzas democráticas y progresistas debemos ponernos de acuerdo sobre el país que queremos para todos y todas.
Esta idea constituye una clave para interpretar su trayectoria y, sobre todo, para identificar el alcance de su propuesta. La democracia plena, la soberanía alimentaria, tecnológica y energética, la igualdad social y la recuperación de la capacidad del Estado para conducir el desarrollo sustentable y justo que México requiere, no son objetivos independientes. Forman parte de un mismo Proyecto de Nación.
La tarea: construir una mayoría para transformar México
En el apartado “La Tarea”, Cárdenas formuló una pregunta fundamental: ¿para qué queremos democracia? Su respuesta fue más allá de las libertades electorales. “Queremos democracia para vivir mejor, sin carencias materiales que impidan el desarrollo personal, sin pérdida de oportunidades, con acceso a satisfactores de calidad, con trabajo digno y con la posibilidad de que las personas alcancen la felicidad conforme a sus propias convicciones.”
Esta concepción coloca a la democracia en el terreno de la vida cotidiana. No basta con garantizar el derecho al voto si millones de personas carecen de condiciones materiales para ejercer plenamente sus derechos. Tampoco es suficiente cambiar a quienes gobiernan si permanecen intactas las estructuras que reproducen la desigualdad, la concentración de la riqueza, la injusticia y la exclusión social.
Cárdenas sostuvo que la democracia necesaria para México debía construirse colectivamente. Propuso abrir un debate amplio, sin exclusiones, que permitiera elaborar un Proyecto de Nación para el presente y el futuro. Incluso planteó la posibilidad de convocar a una gran convención nacional, abierta a quienes quisieran participar, para discutir los objetivos y las condiciones de esa transformación.
La propuesta contiene una definición política que merece recuperarse: la primera tarea es discutir el proyecto desde abajo y, simultáneamente, conformar la mayoría social que lo respalde. No se trata de esperar a que exista un acuerdo perfecto ni de subordinar todas las diferencias a una sola organización. Se trata de identificar objetivos comunes y construir la fuerza política necesaria para hacerlos realidad, respetando pluralidad y diversidades.
Este planteamiento interpela a los partidos, pero también a las universidades, los sindicatos, las organizaciones campesinas, los empresarios comprometidos con el desarrollo nacional, las comunidades, los movimientos sociales y las organizaciones ciudadanas. Ningún actor puede arrogarse por sí solo la representación de toda la sociedad.
La experiencia democrática mexicana demuestra que la conquista del gobierno no garantiza automáticamente la transformación del Estado. Para avanzar se necesitan instituciones capaces de responder al interés público, ciudadanía organizada y mecanismos que permitan a la sociedad intervenir en las decisiones que afectan su futuro.
Pasar de una democracia predominantemente electoral a una democracia política, económica, social y cultural. Una democracia que proteja las libertades, garantice derechos y distribuya de manera más equitativa las oportunidades y los recursos.
Democratizar el Estado
Una de las aportaciones más importantes del pensamiento de Cárdenas es que la democratización no puede limitarse a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Debe alcanzar al conjunto de las instituciones públicas y a las estructuras mediante las cuales se toman decisiones y se administran los recursos colectivos.
Defendió la necesidad de democratizar y dotar de autonomía real a instituciones tan diversas como las oficinas de contacto ciudadano, los órganos de fiscalización, los sindicatos, las organizaciones campesinas y empresariales, las universidades, las entidades paraestatales y los organismos responsables de regular los servicios públicos y de la impartición de justicia.
Democratizar significa, en esta perspectiva, desconcentrar el poder, descentralizar las decisiones y acercar las responsabilidades y la rendición de cuentas a los ciudadanos.
También implica redistribuir los recursos entre la Federación, los estados y los municipios, de acuerdo con las necesidades y las condiciones cambiantes de la sociedad.
Esta reflexión tiene consecuencias directas para la organización territorial del Estado mexicano. Los municipios no deben ser simples administradores de recursos insuficientes ni depender de negociaciones discrecionales para cumplir sus responsabilidades. Necesitan capacidades institucionales, autonomía efectiva y financiamiento adecuado para responder a las necesidades de sus habitantes.
En la publicación citada señala que “un Estado integralmente responsable en estos tiempos debe plantearse el desarrollo social y económico, así como un racional aprovechamiento del territorio y sus recursos, a partir de un sistema de planeación democrática bien estructurado. No caben ya más la improvisación, la decisión repentina y menos la ocurrencia en el ejercicio de las responsabilidades oficiales y del presupuesto público”
Cárdenas llegó a plantear la conveniencia de establecer constitucionalmente la obligación de celebrar al menos una convención fiscal durante cada sexenio presidencial. La propuesta conserva plena relevancia: el federalismo fiscal no debería quedar sujeto únicamente a negociaciones coyunturales, sino convertirse en un espacio periódico de deliberación sobre las responsabilidades, los ingresos y la distribución de los recursos públicos.
El desafío consiste en construir instituciones que rindan cuentas, pero que también dispongan de las facultades y los medios necesarios para cumplir sus obligaciones. La descentralización sin recursos es una transferencia de responsabilidades sin capacidad de respuesta; la concentración presupuestaria, por su parte, limita la participación local y puede profundizar las desigualdades territoriales.
Una reforma fiscal para la igualdad y el desarrollo
La distribución del poder político y la distribución de los recursos públicos son dimensiones inseparables. No puede existir una sociedad verdaderamente democrática si la concentración económica condiciona las decisiones colectivas y limita el ejercicio de los derechos.
México necesita una reforma fiscal progresista que amplíe la capacidad financiera del Estado y distribuya de manera más justa las cargas tributarias. Esto supone combatir la evasión y la elusión, revisar los privilegios fiscales injustificados y fortalecer la progresividad del sistema tributario, de modo que quienes tienen mayor capacidad económica contribuyan proporcionalmente más al financiamiento de las necesidades colectivas. Pero la reforma no puede reducirse a recaudar más. Debe transformar la manera en que se deciden, distribuyen y ejercen los recursos públicos.
La planeación del gasto debe responder a prioridades nacionales de mediano y largo plazo: universalizar el acceso a la alimentación, la salud y la educación, ampliar la infraestructura hidráulica y de transporte, fortalecer la investigación científica, desarrollar capacidades tecnológicas, reducir las desigualdades regionales y crear empleos productivos.
La inversión pública debe evaluarse por sus beneficios sociales, su contribución a la productividad y su capacidad para mejorar las condiciones de vida de la población. No basta con ejecutar presupuestos; es necesario determinar qué resultados producen, quiénes se benefician y qué necesidades permanecen desatendidas.
Esto requiere instituciones de planeación con capacidad técnica, coordinación entre los distintos niveles de gobierno, transparencia en las contrataciones y evaluaciones independientes. También exige proteger el gasto social y la inversión estratégica de las decisiones de corto plazo que pueden comprometer el desarrollo futuro.
La autonomía presupuestaria y de gestión no debe confundirse con ausencia de controles. Las empresas públicas tienen que rendir cuentas, transparentar sus decisiones y demostrar resultados. Y la adminsitración transparente debe acompañarse de condiciones que permitan invertir, innovar y planear, en lugar de someter las decisiones estratégicas a necesidades fiscales inmediatas.
La estabilidad de las finanzas públicas es necesaria, pero no debe convertirse en un argumento para perpetuar la insuficiencia de recursos destinados al bienestar. El verdadero debate consiste en definir qué Estado necesita México, cómo debe financiarse y cuáles son las prioridades que deben orientar sus decisiones presupuestarias.
En este sentido, la equidad fiscal no es solamente una cuestión contable. Es una decisión política acerca de la sociedad que se quiere construir.
Energía: integración, autonomía y soberanía
Para Cárdenas, la defensa de la soberanía nacional estuvo históricamente vinculada con la capacidad pública de administrar los recursos estratégicos y utilizarlos en beneficio del país.
Sin embargo, preservar su carácter público no basta para garantizar que pueda cumplir sus responsabilidades.
Una línea de reflexión que desarrolló durante varios años el Ing. Cárdenas, es la de concebir un nuevo diseño institucional del sector energético nacional. En ese sentido, defendió siempre la idea de que Petróleos Mexicanos, para poder cumplir adecuadamente con su función estratégica de largo plazo en beneficio del país, necesita contar con una verdadera autonomía presupuestal y de gestión. Solo así Pemex podrá tener la capacidad para tomar las decisiones inherentes a una empresa que gestiona complejos procesos extractivos, industriales, logísticos, ambientales, sociales y financieros; sin estar sujeta al efectismo político y las necesidades presupuestales de corto plazo. En ese contexto y con el ejemplo brasileño en mente, resulta fundamental la construcción de una sólida base científica y tecnológica, apuntalada por una adecuada formación de recursos humanos, tanto en las universidades, como en los centros de investigación del país. La transformación de Pemex, CFE y todo el sector energético requieren por tanto, una política articulada con la planeación nacional. También requiere una estrategia financiera que concilie la responsabilidad fiscal de las empresas con las inversiones necesarias para garantizar su viabilidad futura.
Planteó la paulatina conversión de Pemex en una empresa energética sustentable, que pudiera integrar las industrias del petróleo, electricidad, gas natural, minería y fuentes renovables de energía; que asumiera acciones inmediatas para descarbonizar y para luchar contra el cambio climático. Su idea era crear una EMPRESA ESTATAL DE ENERGÍA.
El planteamiento es una dimensión decisiva del legado de Cárdenas: la soberanía energética requiere instituciones capaces de pensar más allá de los ciclos presupuestarios y electorales. Una empresa que administra procesos industriales complejos necesita previsibilidad financiera, autonomía para ejecutar sus planes y personal especializado.
Para lograrlo, México necesita recuperar y fortalecer sus capacidades científicas y tecnológicas, a través de los institutos de investigación y los centros de educación superior, deben desempeñar una tarea estratégica en la formación de especialistas, el desarrollo de tecnologías propias y la innovación en todos las materias del aprovechamiento y manejo racional y sustentable de la energía y los recursos naturales.
El Proyecto de Nación como tarea colectiva
Las tareas que propone Cárdenas no pueden resolverse mediante una sola reforma ni dependen exclusivamente de la voluntad de un gobierno. La democracia plena, el desarrollo económico y social sustentable, requieren de una amplia discusión y la formación de consensos
En su último libro, advirtió que la reconstrucción nacional requiere de un esfuerzo colectivo y sostenido. Propuso avanzar con objetivos diferentes de los que han orientado las políticas vigentes desde hace más de 40 años, construyendo progresivamente una democracia amplia, social, cultural, política y económica.
Su planteamiento no exige unanimidad ni la desaparición de las diferencias ideológicas. Exige abrir el debate, reconocer la pluralidad y construir acuerdos sobre las prioridades nacionales. La propuesta de una convención amplia para discutir el Proyecto de Nación, significa ofrecer un espacio para que la sociedad participe en la definición de su futuro y contribuya a formar la mayoría capaz de hacerlo realidad.
El homenaje que proponemos para el ingeniero Cárdenas, consiste en convertir esa convocatoria en un debate público sobre las transformaciones que México necesita.
¿Cómo organizarnos para ejercer el poder y administrar los recursos nacionales para un modelo de desarrollo justo y sustentable? ¿Cómo garantizar los derechos sociales?
¿Cómo orientar la inversión pública hacia el desarrollo? ¿Cómo garantizar que las empresas del estado y las demás instituciones estratégicas, actúen con visión de largo plazo? ¿Cómo construir una ciudadanía organizada que participe en la toma de decisiones? ¿Cómo alcanzar la justicia y romper la impunidad? ¿Cómo lograr soberanía alimentaria, tecnológica, energética y vencer la desigualdad?
Estas preguntas conciernen a todo el pueblo mexicano empeñado en construir un país soberano, sustentable y socialmente justo.
Cuauhtémoc Cárdenas dejó una idea que merece recuperarse en toda su dimensión: la democracia no es solamente un procedimiento para elegir gobernantes, sino una forma de
organizar colectivamente la vida nacional para que el pueblo pueda vivir mejor, ejercer sus derechos y participar en las decisiones que afectan su destino.
La democracia progresista que imaginó Cárdenas es posible únicamente si una mayoría social decide organizarse para convertirla en un Proyecto de Nación.
Félix Hdez-Gamundi, Pola Grijalva, Fluvio Ruiz, Carlos Heredia, Carlos Lavore, Anaid Alcázar, Julia Gugerli, Sergio Benito, Bosque Iglesias, Jenny Saltiel.
@PorMéxicoHoy
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