POR MÉXICO HOY | 20/07/2026
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Por Julia Gugerli Lazos
Hace casi 12 años salimos a las calles. Habían asesinado a tres estudiantes y desaparecido a 43. Lo único que quedaba claro en un mar de desinformación era que: uno, desde presidencia se fabricaba una verdad histórica y, dos, había sido un crimen de Estado. La colusión de la policía municipal y del batallón 27 con el crimen organizado para cometer este crimen fue comprobado desde los inicios.
Cuando cuatro años después voté por Andrés Manuel López Obrador, tenía claro que, a pesar de su confusa plataforma política, era el único que prometía trabajar por los que más lo necesitaban y por descubrir los culpables del crimen atroz del 26 de septiembre. México necesitaba un cambio político profundo. Ya no se podía aguantar un sexenio más como el de Peña Nieto ni como el de Calderón.
No busco hacer una evaluación de los logros y fallas de Morena. Hubo de los dos. Pero una deuda histórica que ahora vuelve a primera plana es el clamor por verdad y justicia para Ayotzinapa. El reciente informe de la CNDH, el cual contradice sus posturas anteriores, sólo puede ser leída como un doblegamiento ante las fuerzas armadas de este país. Parece ser que entonces se quiere olvidar la responsabilidad del ejército en aquel 26 de septiembre. No sólo olvidar: borrar.
La lucha de los padres, las madres y los estudiantes de Ayotzinapa, así como la sociedad civil que acuerpó, ha permanecido firme frente al arduo camino hacia la verdad y la justicia. Pero ahora la CNDH tilda el trabajo que realizó Alejandro Encinas, el entonces subsecretario de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación como una “anti-verdad” histórica. Sin pruebas algunas, desestiman los testimonios de personas que a pesar de la violencia y el peligro que representaba, eligieron documentar lo que presenciaron. Su anonimidad es de las pocas salvaguardas que se tenía por su seguridad. Ahora esta anonimidad es usada en contra de ellos.
El reciente informe de la CNDH sólo es una herramienta más que ha servido para limpiar la imagen de las fuerzas armadas dentro de una preocupante tendencia por enaltecer el ejército, darle mayor poder y hacerlo parecer más cercano a la sociedad. La disolución de la Policía Federal, el retiro forzado de sus integrantes y el cambio de adscripción de soldados de la SEDENA a la Guardia Nacional sólo fueron los comienzos de lo que ahora se puede nombrar la militarización del país. Los dos sexenios de Morena le han dado un creciente poder tanto económico como político a las fuerzas armadas, y esto es parte de la limpieza simbólica que ha sido necesaria para recurrir en siempre crecientes instancias al ejército.
Más allá de que el informe de la CNDH representa un retroceso significativo ante la justicia, lo que ahora más me preocupa es recuperar el sentido colectivo del proyecto de Morena. Hace 12 años marchábamos brazo en brazo gritando por justicia, hoy el silencio es sepulcral.
Hay una claudicación dolorosa de los valores de izquierda cuando la crítica al interior del gobierno o de su partido equivale a ponerse el pie en la carrera personal. Creo que dentro de un gobierno que se considera de izquierda, la apertura a la crítica, la autocrítica y la mejora debería estar siempre presente. Deben de coexistir las voces disidentes tanto en el proyecto como la organización política. Recuperemos esta capacidad, recuperemos la valentía política que demostramos en aquel otoño del 2014.
En miras del 2027 y del 2030, es urgente que Morena transite de una poca capacidad crítica y del inquebrantable apoyo a sus dirigentes, a una propuesta que reconecte con las exigencias más dolorosas de nuestro país. Aún falta mucho camino qué recorrer para alcanzar el país que queremos, y para lograrlo necesitamos poder hablar honestamente, contar con la confianza en instituciones tan importantes como la CNDH y construir un proyecto político que reúna los clamores de nuestra sociedad. Construyamos colectivamente desde la pluralidad, tanto de manera programática como organizacional. Es necesaria la valentía política para estar a la altura de la exigencia del momento histórico.
Integrante de @pormxhoy
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