El campo mexicano, momentos decisivos

POR MÉXICO HOY | 06/04/2026
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Por Félix Hernández Gamundi y Pola Grijalva

Saludamos con entusiasmo el liderazgo del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas al frente de la Comisión Consultiva del Petróleo. Sin duda su presencia será un factor valioso en la construcción de la soberanía nacional.

Desde hace varias décadas, la producción de alimentos en México enfrenta un deterioro persistente. No se trata de una dificultad pasajera, sino de una crisis estructural que ha debilitado la autosuficiencia del país y ha colocado en condiciones cada vez más precarias a millones de productores. En los hechos, la actividad agroalimentaria se desarrolla con apoyos insuficientes, con una institucionalidad debilitada y con un mercado dominado por grandes intereses comerciales. 

La desaparición de la banca de desarrollo del sector, significó la pérdida de un instrumento crítico para financiar la tecnificación y la producción misma de alimentos. Del mismo modo, el desmantelamiento de los servicios de extensión agrícola dejó sin acceso a la innovación, tanto a los productores de temporal y autoconsumo, como a las zonas de riego que aportan por lo menos el 50% del PIB del sector primario. Y contrario a lo que se ha dicho, en este grupo se integran también los pequeños y medianos productores. A esto se suma la insuficiencia de infraestructura de acopio, almacenamiento y conservación de perecederos; carencia que ha favorecido a los intermediarios rapaces. 

El resultado es esta crisis actual de insuficiencia de granos y hoy México se ha convertido en el segundo mayor importador de granos básicos del planeta: mientras los productores reciben precios castigados por su trabajo, los consumidores pagan alimentos cada vez más caros. Los más perjudicados son, como casi siempre, los productores de menor escala y los sectores populares. Entre ambos extremos se ha consolidado una estructura de intermediación y acaparamiento que distorsionan el mercado y debilitan la seguridad alimentariade la nación a niveles críticos. Vivimos una paradoja en la que nuestro país se alimenta de granos importados, y al mismo tiempo se registran millones de toneladas de maíz que los productores no pueden vender, pues los acaparadores les ofrecen un precio determinado por la Bolsa de Chicago, pero que está por debajo de su costo de producción. 

A esta problemática interna se agregan tanto los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania que han provocado encarecimiento de fertilizantes; como el de la Guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, que han provocado un aumento en el precio internacional de gasolinas, gas, diesel, etc., creando inflación en los precios de la electricidad y otros insumos esenciales para la producción. Así, los agricultores trabajan en condiciones cada vez más precarias: fertilizantes, combustibles y créditos a precios inalcanzables . 

Frente a este panorama, resulta plenamente comprensible y justa la inconformidad que hoy se expresa en todo el país. Por ello, les expresamos nuestra total solidaridad por el paro nacional convocado por el Frente Nacional por el Rescate del Campo Mexicano y la Asociación Nacional de Transportistas en México. Sus demandas son: mejores precios para los granos —7,200 pesos por tonelada de maíz y 7,400 pesos por tonelada de trigo, en promedio—, precios de garantía, subsidios al precio de los combustibles, especialmente del diésel, y también a la electricidad. SÍ al diálogo ya iniciado, pero será necesario que éste sea resolutivo, para alcanzar acuerdos concretos y no se agote en la siempre interlocución. En esa misma lógica, la exigencia de que los granos queden fuera del T-MEC forma parte de una discusión legítima sobre la defensa de la soberanía alimentaria, pues hoy, estamos importando los granos básicos producidos por uno de los sectores agrícola más subsidiados del mundo. 

El SISTEMA AGROALIMENTARIO MEXICANO debe asumirse como una prioridad estratégica del país. No se trata solamente de sostener la economía rural, sino de la autosuficiencia, la independencia, la estabilidad y la sustentabilidad que en suma conforman la soberanía alimentaria. 

Del mismo modo, resulta indispensable recuperar capacidades nacionales esenciales: la producción de fertilizantes, el desarrollo petroquímico asociado, y la producción y selección de semillas, bajo un enfoque sostenible y de largo plazo. 

En esta hora decisiva, el diálogo entre el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum y los productores, esperamos que sea un ejercicio democrático, abierto, franco y sin intermediarios; capaz de construir soluciones duraderas y de colocar al campo en el centro de la vida nacional. Su rescate no significa únicamente atender a un sector económico, significa fortalecer la base de la existencia misma de nuestro país. En la soberanía agroalimentaria, México se juega su futuro. 

Integrantes de @pormxhoy


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