Yucatán, la península asediada (III)

POR MÉXICO HOY | 13/04/2026
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Por Carlos Lavore

TURISMO, DESARROLLOS Y DESPOJOS

El turismo internacional en 2025 sobrepasó los 1.500 millones de viajeros en el mundo. Como referencia, España tuvo 96.5 millones de visitantes internacionales. 

Sexto destino mundial, México recibió 45 millones de turistas internacionales en 2024 y 47.8 millones en 2025. El gobierno proyecta estimular el arribo de 70 millones en 2030. Constituyen records históricos y representan un ingreso anual de más de 30 mil millones de dólares, equivalentes al 2.5% del PIB. Los turistas nacionales hospedados en hoteles se estiman en 108 millones en 2024 y 111 millones en 2025. El conjunto de visitantes representan 8.7% del PIB. El sector tiene 5 millones de empleos. 

En 2024 Yucatán tuvo una afluencia turística, nacional y extranjera, de 2.4 millones y Quintana Roo, 20 millones. En 2025 las estimaciones indicaban un crecimiento de 11 a 14% para Yucatán y de 3 a 4% para Quintana Roo. En 2026 se espera un incremento conjunto de 15%. 

En consecuencia, la península, -siempre atractiva para el turismo, el descanso, el esparcimiento y la inversión-, registra una gran expansión de la actividad inmobiliaria, sin ninguna consideración por el medio ambiente, las comunidades, sus hábitos productivos y su cultura. No hay regulación que contenga el despojo y la depredación. 

El Tren Maya y los Hoteles, bajo control militar, están potenciando este proceso. Y, como sucede donde hay fuerte actividad económica y recursos, se expande la presencia del crimen organizado. Por ejemplo, ya es notoria su penetración en el sur de Yucatán: en Akil, Tekax y Tzucacab hoy los jóvenes viven con miedo. Control territorial, reclutamiento forzado, desapariciones, trata, droga, reproducen condiciones que antes existían en la costa del Caribe y otras regiones del país. La sensación de abandono e impunidad impregna los ánimos locales. 

La explosión inmobiliaria vinculada al turismo, descanso, esparcimiento o residencia, va cambiando el paisaje de las costas, la selva y las ciudades. Hay un mercado creciente de inversión, con estadounidenses comprando propiedades para retiro o negocios, cruceros, cadenas hoteleras, parques temáticos, conjuntos habitacionales, fraccionamientos exclusivos, hospedajes, resorts, centros comerciales, restaurantes, centros nocturnos y todo aquello que tenga posibilidad de rentabilizar la inversión de grandes desarrolladores y empresarios del ramo, con el respaldo de fondos nacionales y extranjeros. 

La llamada Riviera Maya sobre la costa caribeña es una zona turística de rango mundial sometida a los atropellos de una industria voraz e insaciable. Allí recalan desarrollos de todo tipo con ofertas diversas y distintos enfoques promocionales apelando a sentimientos, emociones y razones. A saber, diversión extrema, misticismo, aventura, cultura mexicana, santuario exclusivo, la selva y el mar, paz y tranquilidad, plusvalía y todo lo que la mercadotecnia imagine. 

Un caso paradigmático se encuentra en la zona federal de Mahahual, donde Royal Caribbean, la segunda mayor operadora de cruceros a nivel mundial, compró 90 hectáreas de terrenos de manglar por 221 millones de dólares. Allí pretende llevar a cabo el megaproyecto turístico Perfect Day México”, un parque acuático gigante, vinculado al puerto para cruceros Gran Costa Maya. También es propietaria del fraccionamiento Casitas y, para ganar validación, adquirió el Centro Comunitario Wayak. 

Este proyecto, si finalmente se realiza, impactará gravemente los ecosistemas (como las zonas de anidación de tortugas) y las condiciones de vida locales. El colectivo Salvemos Mahahual y la asociación Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS) expresan el rechazo de la población con sólidos argumentos, denuncias, pedidos de intervención y promoción de amparos, alguno ya concedido. 

Es un ejemplo de la colusión de intereses privados y gubernamentales en desmedro de las comunidades y el entorno natural. Quien hoy preside la empresa en México fue funcionario del gobierno estatal en la administración pasada y está estrechamente vinculado a la actual y al municipio. Hay clausuras de PROFEPA y suspensión provisional de actividades emitida por juzgado local, pero las obras no se detienen. 

La misma empresa presentó un proyecto para construir el Royal Beach Club en 18 hectáreas de Playa Mía, Cozumel (la última playa pública en la costa oeste) para 4.000 visitantes diarios provenientes de los cruceros. La propia Manifestación de Impacto Ambiental reconoce afectaciones irreversibles en manglares, selva y fauna, con graves alteraciones al ecosistema por cambios en el uso del suelo. Comunidades y activistas reclaman, protestan y se oponen a la privatización y a la sobrecarga turística, que en 2024 tuvo 4.6 millones de cruceristas y se vería notoriamente incrementada. 

La presión inmobiliaria no tiene límites. En Telchac Puerto hay 15 proyectos de condominios y complejos habitacionales. La avanzada del turismo premium aceleró la gentrificación en el pueblo. Sus habitantes denuncian que las obras inmobiliarias son desproporcionadas y exigen medidas antes de que los ecosistemas de la zona sean dañados de manera irreversible. En tanto, en el ejido Baca acusan el despojo de 130 hectáreas por un empresario inmobiliario. 

Quintana Roo tiene cerca de 1.500 hoteles con 135.000 habitaciones, están en proceso 23 más con 8.300 habitaciones y hay zonas con planes para decenas de miles de habitaciones nuevas. En Yucatán existen 650 hoteles con 16.400 habitaciones. En Campeche 324 y 8.400 respectivamente y dos hospedajes proyectados del Grupo Mundo Maya. El ritmo de crecimiento es de los más altos del país. 

Grupo Mundo Maya es la marca comercial, bajo control institucional y estratégico de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), que opera el funcionamiento y las actividades en la Península de Yucatán, del Tren Maya para pasajeros y carga (empresa Olmeca-Maya-Mexica); 12 aeropuertos en 9 estados del país; 7 hoteles gran turismo en la península; 4 parques recreativos, culturales y de conservación (del Jaguar, La Plancha, Nuevo Uxmal, La Ceiba); 2 museos en Estado de México y Yucatán (Zumpango y Mérida); varias estaciones de combustibles e hidrocarburos. 

Mundo Maya ofrece cuatro rutas turísticas: del Tren Maya, Arqueológica, Reservas Naturales y Cultura Viva. Cada una integra transporte, hospedaje, alimentación, viajes panorámicos, visitas guiadas, experiencias culturales y naturales. En artículo anterior fueron descriptos los costos e impactos sobre el ambiente y la vida (ver Informe de la Misión Civil de Observación sobre Impactos y Afectaciones del Proyecto Tren Maya). 

La propia SEMARNAT reconoció daños, pero al mismo tiempo decidió clasificar los estudios técnicos como “seguridad nacional” hasta 2028. No obstante, en febrero del año en curso un Tribunal Colegiado otorgó una suspensión definitiva sobre las obras del tramo 5 del tren, para que autoridades ambientales realicen acciones de verificación, inspección, conservación y protección respecto de las actividades de construcción. Al tiempo de este texto se registran hundimientos de pilotes. 

Los grandes cruceros recalan en Cozumel, Mahahual (Puerto Costa Maya), Progreso, y los de menor tamaño en Sisal, Celestún, Yucalpetén, Puerto Morelos, Chetumal. 

Por esta vía, en 2025, México recibió 11.2 millones de turistas (más de tres mil cruceros), de los cuales arribaron a Quintana Roo 7.4 millones. Los puertos con mayor número de pasajeros fueron Cozumel, 4.6 millones y Mahahual, 2.8 millones. Con este volumen, más los proyectados, se rompen todos los equilibrios ambientales y parámetros de sustentabilidad. 

En Cozumel la SEMARNAT, en septiembre de 2025, anuló la aprobación ambiental para la construcción de un cuarto muelle para cruceros por sus efectos sobre los ecosistemas marinos y costeros, en particular el arrecife Villa Blanca, y sobre la vida de los lugareños. Lo hizo ante el reclamo y rechazo de ciudadanos y ambientalistas que promovieron una serie de recursos, pero la resolución no es definitiva. 

En cambio, en Puerto Progreso se autorizó aumentar su dimensión, profundidad y accesos viales, a los efectos de recibir buques de carga y cruceros de mayor calado, duplicando la capacidad actual, con graves efectos ambientales. 

Es conocido que los cruceros impactan severamente el medio ambiente con emisiones de dióxido de carbono, hollín, óxidos de azufre y nitrógeno, aguas residuales y de sentina, basura y residuos sólidos, alteración acústica en el agua, afectación de ecosistemas en zonas portuarias. Las regulaciones y controles, insuficientes y débiles, quedan sometidas al interés mercantil. 

Las excursiones son otro tema en una península que alberga riqueza natural, arqueológica, artesanal, cultural, que es promovida y explotada desde un enfoque mercantil y utilitarista, sin mediar reserva alguna sobre personas y ambiente. Se ofrece una gran variedad de excursiones que combinan naturaleza, historia, cultura, aventura y relax. Casi nada escapa al reflejo mercantil de la industria y todo es posible bajo el discurso engañoso de la sustentabilidad, la generación de empleo y el progreso, sin considerar los efectos de la sobrecarga turística en el territorio y las comunidades. 

Visitas a zonas arqueológicas mayas con guías especializados. Tours culturales por Mérida, Valladolid o Campeche. Excursiones a playas e islas del Caribe y Golfo y arrecifes coralinos, en barco o catamarán. Recorridos por cenotes sagrados y ríos subterráneos. 

Variantes de ecoturismo en reservas de la biósfera, manglares y senderos en la selva. Excursiones con vehículo todoterreno. Recreación en parques de aventura, con tirolesas, vehículos anfibios y exploración de cavernas. Buceo en arrecifes y encuentros con tiburón ballena. Experiencias gastronómicas con platillos típicos en ciudades, haciendas históricas restauradas y en comunidades de pueblos originarios. 

Con una lógica distinta operan las iniciativas comunitarias, bajo un enfoque de turismo responsable y controlado, sin generar sobrecargas ni alterar la dinámica de vida, lo que les permite mantener otras actividades productivas y la preservación de sus pautas culturales. 

Los desarrollos residenciales están en pleno auge. Se estiman entre 900 y 1.000 proyectos en Quintana Roo, principalmente en la Riviera Maya; más de 300 en Yucatán, en el área metropolitana de Mérida, localidades próximas y costa; y algunas decenas en Campeche. 

Mérida registró una expansión urbana acelerada: entre el año 2000 y 2020 la población de la zona metropolitana pasó de 800 mil a 1.3 millones de habitantes, mientras que el área construida se duplicó. El crecimiento es disperso, principalmente hacia el norte, en zonas que conectan con Progreso, Conkal, Motul y Sisal, sin planeación integral. El territorio se ocupa por adición de proyectos impulsados por distintos actores inmobiliarios. 

Es notable la profusión de anuncios en redes sociales y medios de comunicación ofreciendo naturaleza, exclusividad, tranquilidad y goce. Aquí una muestra del tipo de oferta en Yucatán y en Quintana Roo: 

Country Lakes, al norte de Mérida, es un gran proyecto inmobiliario «calidad superior” con un master plan de 1,100 hectáreas que incluye lagos navegables, un campo de golf profesional, reservas naturales, casas club, un centro comercial y de servicios, ciclopista y diversas amenidades deportivas y recreativas. Tiene macro lotes para desarrolladores. Se presenta como “un desarrollo integral que busca fusionar un estilo de vida de lujo con la sostenibilidad y el contacto con la naturaleza”. Esto es una gran contradicción porque los “lagos navegables” son artificiales y no se sabe el impacto sobre el acuífero y el ecosistema kárstico, ni quien se hará cargo del costo ambiental 

Zona Diamante de Mérida, al norte de la ciudad, “residencias con infraestructuras, equipamientos y servicios exclusivos, de alta calidad de vida”. 

Yucatán Country Club, en la zona norte de Mérida, “la mejor comunidad para vivir en Latinoamérica. Un desarrollo residencial ideal con lotes, departamentos, villas, casa club, golf”. 

Tamankaya, al norte de Mérida, “un refugio con terrenos residenciales premium, un oasis de naturaleza, privacidad y jardín infinito”. 

Hacienda Oncan, en Mérida, “terrenos y villas en un entorno natural único”. 

Kumay, en Hunucmá, “naturaleza y paz. El bienestar es un estilo de vida, calma, plenitud y armonía con el entorno”. 

Santuario Kanan en Valladolid, “comunidad ecológica exclusiva en la selva”. 

Muúk Karant, Valladolid. “Un lugar sagrado que conecta historia, naturaleza y plusvalía, lotes eco-residenciales con 4 cenotes dentro del proyecto”. 

Residencial Hacienda Chucmichén, “el mundo como podría ser, naturaleza, historia, tranquilidad, lienzo perfecto para tu próxima obra maestra”. 

Privada Santamar, en Sisal, “combina diseño, inversión y lujo para bienestar integral y calidad de vida”. 

Mantus Riviera en Tulum, “lotes eco – residenciales”. 

Grupo Libera, Santuario Hu May, “entre la selva y el mar de Tulum, terrenos eco –residenciales” 

Selvarum, “terrenos residenciales en Tulum. Combina naturaleza, sustentabilidad y certeza jurídica”. 

Puerto 369, “terrenos residenciales en Puerto Morelos, la ruta más segura para invertir”. 

Nahal, en Akumal, “un espacio rodeado de amenidades Premium”. 

Las Brisas, “terrenos residenciales en Chemuyil”. 

Nativa, “resort residencial en Paya del Carmen. Naturaleza y diseño. Lagos, cenotes, vegetación nativa, amenidades”. 

La Escondida, en Corasol, “el secreto mejor guardado en Playa del Carmen. Tranquilidad, naturaleza y control”. 

Esta relación es sólo indicativa de una explosiva actividad inmobiliaria que tiene el respaldo de inversionistas, grandes empresas y fondos de inversión nacionales y extranjeros. Como puede apreciarse, las promociones transforman territorios vivos en mercancía ofrecida de distintas maneras en todos los lugares posibles, generando beneficios para pocos y múltiples afectaciones físicas y sociales. 

Algunas reflexiones. Después de las remesas el turismo es la principal fuente de ingresos para el país. Pero se trata de una industria extractivista sin regulación adecuada, con lo que su despliegue y crecimiento afecta notoriamente el ordenamiento del territorio y las ciudades, con impacto en el medio ambiente y la biodiversidad, las relaciones comunitarias, las identidades culturales, el sistema productivo y laboral. 

Las prioridades están determinadas por la industria turística global y los fondos de inversión asociados, y a ello se subordinan las necesidades nacionales y locales, con la excusa de un progreso que no es tal y un beneficio que no llega a todos. Los gobiernos presumen la inversión, los habitantes resisten el despojo, el crimen organizado se expande y las grandes empresas recogen utilidades. 

El crecimiento turístico e inmobiliario no está siendo gestionado como proceso territorial integral, sino como suma de inversiones y proyectos. Los planes de ordenamiento y las normas, en general, constituyen letra muerta ante los recursos del sector. La voluntad gubernamental, alineada con el interés privado, no va más allá de algunas tibias respuestas a situaciones extremas, de PROFEPA o SEMARNAT. Los efectos destructivos son notorios en comunidades, selva, fauna, cenotes, arrecifes de coral y manglares, con pérdida de biodiversidad, ruptura de ecosistemas, contaminación, sobreexplotación de agua y energía y los impactos negativos de todo crecimiento urbano sustentado exclusivamente en la rentabilidad. 

Al mismo tiempo produce despojos, desplazamientos, encarecimiento, desigualdad, ruptura de relaciones comunitarias, pérdida de identidad, degradación cultural, cambio de hábitos y costumbres para servir al turismo o a élites residenciales con empleo mal pagado. Y, en todos estos procesos, la omnipresencia de la corrupción y el crimen, siempre funcionales a la acumulación informal. 

Tal como se despliega hoy, el turismo es una industria destructiva, incompatible con la sustentabilidad, que debe tener mayor regulación en todas sus facetas, desde la forma en que se ocupa el territorio hasta los términos en que se promueve la actividad. No se trata de superar records de visitantes, -cuyos desplazamientos, además, atentan contra la transición energética-, sino que la generación de ingresos puede producirse desde una concepción realmente responsable, con la naturaleza, con los habitantes, con la cultura, con la vida. 

Pero eso requiere un cambio de enfoque respecto de lo que es el progreso y el desarrollo, hoy concebidos desde el mercantilismo, el extractivismo y el patrimonialismo. Se debe apelar a un conocimiento profundo y sistémico de una actividad cada vez más compleja, para lo cual existe un acervo académico desaprovechado. Se debe partir de las experiencias comunitarias que ofrecen un considerable mosaico de ejemplos de racionalidad. 

Por lo tanto, es necesario planificar, programar y operar, desde un enfoque descolonizado y honesto, con participación plena de comunidades, colectivos sociales y ciudadanos, entendidos como protagonistas de una gestión que respete el ambiente, las actividades, los espacios y las formas de organización. Los habitantes de cada lugar deben ser partícipes de la definición de proyectos, modelos de negocio y formas de control. Y beneficiarse colectivamente de la renta que se genere. 

Con datos de SECTUR, El Financiero, ChatGPT, Jaltún, Diario de Yucatán, El País, Yucatán al minuto, defensambiental, Sol Yucatán, Selvame, La Jornada, Este País.

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